lunes, 25 de abril de 2011

en la cabeza de Melquiades

Hola  quizás me conozcan soy Melquiades, yo no vengo a dar un discurso solo diré que soy  amigo de muchos, es mas una vez estando frente al pelotón de fusilamiento, un buen soldado, el coronel Aureliano Buendía recordó cuando su padre lo llevo a conocer el hielo, ese día me hice amigo de el y de su padre Arcadio, a raíz de la amistad con ellos muchos dijeron que estaba loco, que padecía de doble personalidad, pero la verdad yo no les creí, pero yo si, y no me importo, seguí haciendo lo mío, llevando lo ultimo en tecnología a los habitantes de la costa, en ese andar conoci mejor al coronel, buen hombre, padecía de soledad, una soledad casi centenaria, escases económica y no tenia quien le escribiera nunca ni una palabra, hasta que le escribieron doce cuentos peregrinos, uno para cada mes, hombre tan feliz como el no había visto yo, se acostaba en su hamaca que daba una particular sombra sobre la hojarasca que en el suelo tendida estaba.
Ah! tiempos aquellos, eran tiempos mejores, era un día después del sábado, en otoño, aquel otoño del patriarca, cuando gracias a su repentinos regalos para leer encontró una crónica en la a Úrsula su madre le anunciaban la muerte, fue una mala hora, ojala nadie le hubiese escrito al coronel, sobre eso, ya que su único amigo un general estaba en su laberinto, perdido intentando hallar mi carpa, fue ahí justamente en mi carpa que decidió dejar de leer y empezó a escribir unas memorias de amigas suyas unas putas tristes, dijo él nunca entendí por que sobre ellas escribió, pero luego supe que esa había sido la suerte de Erendida, su amor imposible ya que eran otros tiempos eran los tiempos del cólera y era muy peligroso hablar del amor y de los otros demonios que nos prohibían o al menos eso decían los heraldos que portaban las noticias.
El coronel, y yo finalizamos nuestros días en mi carpa, cazando mariposas amarillas que en macondo nunca faltaban. 

EL HALO DIVINO

“Al inicio de los tiempos estaban todos los dioses, de todas las religiones hablando sobre el hombre, sobre como su obra maestra, su mejor creación debería tener oculto ese HALO DIVINO que lo hacia un dios más.
Aconteció pues que de tanto deliberar decidieron que lo ocultarían en el lugar más inaccesible para él. Un dios propuso que lo ocultasen en la montaña más alta, a lo que una diosa respondió: No! El hombre gracias a la gran fuerza que le hemos otorgado un día escalara las altas cumbres y en ese momento hallara el HALO.
¿Y si lo lanzamos a las profundidades en medio del océano?  Pregunto otro dios.
No! Respondió otro dios, el hombre con su increíble habilidad desarrollara botes, y luego concebirá la idea de crear algo que le permita sumergirse en lo profundo de las aguas y encontrara el HALO.
Lancémoslo al espacio gritaron en algún lugar.  No! El hombre con la inteligencia superior que le brindamos un día traspasara todas las fronteras incluso la sideral y entonces localizara el HALO.
No tenemos donde ocultarlo, gracias a la fuerza, a su habilidad e inteligencia logrará llegar a cada lugar donde sea posible esconder el HALO.  
Tendremos que ser más sutiles aún, esconderlo en un lugar verdaderamente recóndito, casi inaccesible y por cierto de poco interés para el hombre, escondámoslo en su interior, les garantizo hermanos dioses que el hombre jamás se preocupara por indagar el gran poder que en su ser hemos guardado.